Hijo, ¡el cielo es mi trono y la tierra la tarima para mis pies! ¿Qué casa podrías edificarme, o en qué parte fijarías mi lugar de reposo…
Yo estoy en todos lados y habito en tu corazón…
…todo lo que ves y todo lo que no ves lo ha hecho mi mano y todo es Mío…
…pero en quien fijo realmente mis ojos es en el pobre y en el que tiene el corazón arrepentido, que se estremece por mi Palabra…
…realmente no es tan importante lo que tú me ofreces como «sacrificio» si te deleitas en seguir tus caminos, y si tu alma queda feliz también con idolatrías…
…si has hecho lo que yo considero como malo y has elegido lo que no me gusta, ¿De qué te sirve?… arrepiéntete… de que sirve que me digas en el altar que me amas y des también tus ofrendas materiales y al mismo tiempo odies a tu hermano… reflexiona y deja que Yo escudriñe tu corazón… Jesús
Confesión: Hoy reconozco que no hay nada que yo pueda ofrecer a Dios que Él necesite… pero si Él busca corazones humildes y arrepentidos y que se estremezcan ante Su Palabra… Dios acepta una vida que trata de vivir sin mancha y sin idolatría para Su Gloria… no le ofreceré nada a Dios sin antes ver mi corazón y mis obras y buscaré siempre perdonar a mis hermanos… lo declaro en nombre de Jesús, Amén.
Referencia Bíblica: Isaías 66
