Hijo Mío,
no te alimentes del dolor y no busques compensar tu angustia con lo que no sacia. Me gozo cuando te gozas y Mi alma se satisface cuando me buscas con sinceridad. Tu adoración quieta llega a la presencia de Mis ángeles y todas tus oraciones las guardo en una redoma como tesoro precioso para ser usado en la hora que el Padre ha establecido. Sigue el camino del amor y no seas de los que destruyen por reclamar su justicia. Mi paciencia en ti te traerá verdadera herencia en el cielo y la paz en la tierra. Tú eres de los que verán Mi Gloria manifestarse en el camino. Recuerda que el Padre y Yo somos Uno junto con los hijos que andan en luz, Jesús.
Confesión: Hoy descansaré en la bondad de Dios para mi vida y tendré paciencia hasta que mis oraciones lleguen a la medida y el tiempo reservado por el Padre para tener efecto. Así tendré la herencia plena que Dios promete. Lo declaro en nombre de Jesús, Amén.
Referencia Bíblica: Romanos 8:35-39
