Hijo,
no te llenes de miedo por lo que haré en los últimos días.
¡En mi enojo, no me olvidaré de Mi misericordia!
Yo, el Santo, vengo… mi majestad envuelve los cielos y Mi Gloria llena la tierra.
La tierra se estremece, se sobresaltan las naciones… las montañas eternas se desploman, las colinas antiguas se derriten.
Con ira piso a las naciones, pues llego en socorro de Mi pueblo, para salvar a Mi ungido, Jesús.
Confesión: Hoy confieso en nombre de Jesús que no temeré cuando veo tantos desastres en el mundo. Confiaré que Dios ayudará a los suyos, Amén.
Referencia Bíblica: Habacuc 3
